II Vísperas

HIMNO

San Pedro y san Pablo, unidos
por un martirio de amor,
en la fe comprometidos,
llevadnos hasta el Señor.
El Señor te dijo: «Simón, tú eres Piedra,
sobre este cimiento fundaré mi Iglesia:

la roca perenne, la nave ligera.
No podrá el infierno jamás contra ella.
Te daré las llaves para abrir la puerta.»
Vicario de Cristo, timón de la Iglesia.

Pablo, tu palabra, como una saeta,
llevó el Evangelio por toda la tierra.
Doctor de las gentes, vas sembrando Iglesias;
leemos tus cartas en las asambleas,
y siempre de Cristo nos hablas en ellas;
la cruz es tu gloria, tu vida y tu ciencia.

San Pedro y san Pablo: en la Roma eterna
quedasteis sembrados cual trigo en la tierra;
sobre los sepulcros, espigas, cosechas,
con riego de sangre plantasteis la Iglesia.
San Pedro y san Pablo, columnas señeras,
testigos de Cristo y de sus promesas.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. Yo he pedido por ti, Pedro, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

 

SALMO 115   

Acción de gracias en el templo

Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza (Hb 13, 15).

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

 

Ant. 1. Yo he pedido por ti, Pedro, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

Ant. 2. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

 

SALMO 125   

Dios, alegría y esperanza nuestra

Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo (2Co 1, 7)

 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:

la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:

«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

 

Ant. 2. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Ant. 3. Tú eres el pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

 

CANTICO   (Ef 1,3-10) 

Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya, a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

 

Ant. 3. Tú eres el pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

 

 

LECTURA BREVE
1Co 15, 3-5. 8

Lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los doce; por último se me apareció también a mí.

 

RESPONSORIO BREVE

R/. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios * Con valentía. Los apóstoles.

V/. Y daban testimonio de la resurrección de Jesucristo. * Con valentía. Gloria al Padre. Los apóstoles

 

Magníficat, ant. Pedro, el apóstol, y Pablo, el maestro de los gentiles, nos enseñaron tu ley, Señor.

 

MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55
Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Magníficat, ant. Pedro, el apóstol, y Pablo, el maestro de los gentiles, nos enseñaron tu ley, Señor.

 

PRECES

Llenos de alegría, invoquemos confiadamente a Cristo, que edificó su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle:

Señor, ven en ayuda de tu pueblo.

Tú que llamaste a Simón, que era pescador, para hacerlo pescador de hombres,
— continúa eligiendo obreros que trabajen en la salvación del mundo.

Tú que increpaste a la tempestad marítima para que no se hundiera la barca de los discípulos,
— protege de toda perturbación a la Iglesia y fortalece al sucesor de Pedro.

Tú que, después de resucitado, reuniste a tu grey dispersa en torno a Pedro,
— congrega, buen Pastor, a todo tu pueblo, para que forme un solo rebaño.

Tú que enviaste al apóstol Pablo a evangelizar a los gentiles,
— haz que el mensaje de salvación sea proclamado a toda la creación.

Tú que confiaste a tu Iglesia las llaves del reino de los cielos,
— abre las puertas del cielo a todos los que, cuando vivían, confiaron en tu misericordia.

Padre nuestro.

 

ORACIÓN

Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

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