III

Adán y Eva, tentados por la serpiente, caen en el pecado, pierden la vida del espíritu y se ven privados de sus prerrogativas y dones celestiales. Dios, misericordioso, anuncia que una Mujer herirá en la cabeza a la serpiente, por medio de su Hijo, reparador y redentor (cf Gén 3,1-24).

¡Bendita sea la misericordia
del Padre celestial!
¡Bendito el Hijo de Dios, que se ofrece
para reparar el pecado del hombre!
¡Bendito el Espíritu Santo, que, en María,
inaugura la nueva generación
de los hijos de Dios!
¡Bendita la nueva Eva,
esperanza de la humanidad!

Gloria a Dios…
Jesús Maestro…
María, Reina…
Santos Pedro y Pablo…

p. 280