DECIMOTERCERA ESTACIÓN

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu cruz has redimido al mundo.

María, la madre dolorosa, recibe entre sus brazos al Hijo bajado de la cruz.

María contempla en las llagas de su Hijo
las horribles consecuencias
de nuestros pecados
y el amor infinito de Jesús por nosotros.
La devoción a María es signo de salvación.
Madre, acéptame como hijo,
acompáñame durante la vida,
asísteme constantemente y, en especial,
en la hora de la muerte.

Ten piedad de nosotros, Señor.
Ten piedad de nosotros.

Haz, santa Madre de Dios,
que las llagas del Señor
se impriman en mi corazón.

Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo

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